Antes de lanzarnos a hacer el proyecto, decidimos hacer unas pruebas. Para ello, con la colaboración de la Biblioteca Nacional, tomamos con el móvil unas fotos de varios discos. Al ver las fotos nos dimos cuenta de que la iluminación no era demasiado buena y que el móvil, sujeto con las manos, no estaba perpendicular al disco, así que el primer paso fue tratar las fotografías para conseguir unas imágenes en blanco y negro con mucho contraste, donde el disco apareciera lo más circular posible.
El segundo paso consistió en “estirar” las imágenes (pasar de coordenadas polares a cartesianas) y obtener algo más parecido a un rollo de pianola. Para ello desarrollamos un sketch en Processing que, a lo bruto, giraba la imagen del disco e iba pasando a un jpeg la parte del disco que entraba en un rectángulo determinado, como si ese rectángulo fuera la cabeza lectora.
Consultando en YouTube algunos vídeos de estos organillos en acción, comprobamos que el disco gira en el sentido de las agujas del reloj. Así mismo, pudimos comprobar que las notas están ordenadas de graves (interior del disco) a agudas (exterior del disco) Además, como el disco tiene 24 pistas, decidimos que en estos discos las melodías estaban limitadas a 2 octavas (2 octavas x 12 semitonos por octava)
Con el disco estirado y esta información, desarrollamos un segundo sketch que definía los anchos de cada pista, qué nota se le asociaba a cada pista y recorría la imagen columna a columna. Cuando encontraba píxeles en negro, hacía sonar la nota correspondiente a esa pista. Las primeras pruebas fueron un poco descorazonadoras: sonaba música, se notaba el ritmo, pero la melodía y el acompañamiento no cuadraba, era una cacofonía en la que se adivinaba un fraseo.
Tras algunas investigaciones adicionales, descubrimos que la distribución de las notas no coincidía con lo que habíamos supuesto. Las notas de pistas consecutivas no están a un semitono de distancia, sino que el intervalo es variable. Las notas están distribuidas a lo largo de tres octavas y media, en una escala de la mayor, con alguna nota de adorno añadida para darle emoción. Una vez que corregimos la escala, la melodía tomó forma. La digitalización era posible.













